viernes, 27 de junio de 2014

See See Rider Blues

https://www.youtube.com/watch?v=Xtw91wIOvRA

See see rider 
See what you have done
See see rider
See what you have done
Why you made me love you, now your gal has come 

I'm goin' away, baby, I won't be back till fall
Goin' away, baby, I won't be back till fall 
If I find me a good man, won't be back at all 

I'm gonna buy me a pistol, just as long as I am tall
I'm gonna buy me a pistol, just as long as I am tall
I'm gonna kill my man, and catch a cannonball 


My See See Rider, where did you stay last night?
Your shoes ain't dirty,  your clothes don't fit you right 
And you didn't come home till the sun was shining bright






lunes, 16 de junio de 2014

Cartas a Mia

"...Es mi culpa también. Mia, yo te escribo como si le escribiera a la chica que una vez conocí, a la que disfrutaba de mis besos y de mis manos. No me doy cuenta de que en realidad le estoy escribiendo a alguien que ya no es así, que cambio, supongo que para mejor y que en mi escritura equivoco la destinataria. Aun así, te escribo y en mis palabras no soy del todo sincero. Jamás un hombre será sincero frente a una mujer que lo cautiva, siempre buscara atajos, empatías, formas de parecer más seguro y no tan ingenuo. Si fuera totalmente sincero quizá no te gustaría, por eso en la vida uno anda siempre detrás de mascaras, de sueños formados..."

lunes, 9 de junio de 2014

Telarañas




Ya no recuerda el momento en que por primera vez vio esas finas y plateadas telarañas. Las fue encontrando paulatinamente, de a pedazos, débilmente ligadas a pequeñas cosas. Las descubrió, con el tiempo, también en otros lugares, en más objetos y hasta lo impensable: en las personas.
Normalmente no cree en fenómenos inexplicables por lo que acude rápidamente al oftalmólogo. Pero el diagnostico no ayuda, no hay ninguna falla en sus ojos: están sanos, claros, limpios. Y aun así, las telarañas continúan apareciendo, como una plaga que va invadiendo su mundo.
Se esparcen por todos lados. Sobre los muebles, en los libros, en las bocas que ensayan palabras torpes negándolas y en casi todas la cosas. Aparecen como de la nada y él no acierta a ver la araña; el insecto que se divierte mientras juega a emboscar todo su mundo, para hacerlo caer, para atraparlo. Trata de quitarlas, las amontona, las arranca de las cosas y las arroja con furia pero vuelven a aparecer. Cada vez más fuertes, más absolutas.
Y así, como un iluminado o como un loco, con ese don que primero lo había maravillado pero que después empezó a aterrorizarlo, se fue encerrando cada vez más. Ya no podía caminar por las calles, ni andar mirando a la gente en las peatonales, ni sentarse en un parque sin ver como las telarañas digitaban el mundo. O estar sentado en un café, mirando a través de los cristales casi empañados, una tarde lluviosa, tratando de ignorar los estragos que hacían allí las telarañas, derribando mozos, tirando tazas de café, arruinando diarios que se iban al piso medio mojado por los paraguas chorreantes y quedaban ininteligibles. O allí fuera, mientras la gente corría tratando de guarecerse, y se caía en las esquinas, dándose terribles golpes que disimulaban por la vergüenza y seguían corriendo, mientras los autos chocaban sin entender que no había frenos que interrumpieran los designios de las terribles telarañas.
Fue, paulatinamente, accediendo a menos lugares. Primero, limitándose hasta no salir del barrio, luego del edificio, luego del departamento.
Sin remedio, encerrándose cada vez más y más, hasta el momento de quedar desnudo -porque las telarañas habían tomado ya sus ropas- en un rincón de su habitación, para siempre.