miércoles, 19 de febrero de 2014

Rebelión






Tantas idas y vueltas y el idiota al final logró que me mataran. Tendría que haber sido más cuidadoso, no exponerme a tantas situaciones peligrosas ni llevarme de aquí para allá como si uno fuera una marioneta o un paquete. Yo lo supe hace tiempo. Lo supe apenas me metió en ese café inmundo de la calle Corrientes, apenas me guió hacia la mesa del fondo y vi la cara del tipo que me había citado. Me  dije para adentro “De esta Octavio, no salís vivo”. Dicho y hecho, un balazo en la cabeza, mi cuerpo tirado al riachuelo y el muy estúpido contento, satisfactoriamente feliz con el final de su novela. Mirá que podía elegir otros malandras para matar antes que a mí. Al policía ese, el maldito Fortuna que me jodió toda la maldita investigación. O a ella, a Julieta, esa zorra que me embaucó con sus encantos, con sus aires de perra celosa, mientras por atrás me clavaba un puñal. ¿Y la moral del escritor donde está? !Me hizo decir y hacer cada cosa¡ como si él fuera un angelito, como si la cabeza de alguien que inventa semejantes salvajadas estuviera bien. - Es ficción che, puros inventos- lo escuche decirle a su mujer la otra noche. La mina se le había enojado por una escena de sexo donde creyó ver en las actitudes y la descripción de la femme fatale a una amiga suya muy cercana. ¡Para qué! Se le vino la noche al escritorcito, puteadas y a dormir en el sillón. 
La cuestión es que el muy infeliz me mata al final, me deja sin posibilidad de redención. Me conforma con una sonrisa de satisfacción al haber resuelto todo el acertijo (eso es mérito mío, yo lo fui guiando desde que puso sus grasosas manos sobre el teclado; yo le indique como debía resolverse todo). ¡Y mira como me paga! Dándome el crédito de la hazaña pero dejando que Pereira, ¡Pereira! ese grandísimo canalla me hiciera un agujero en la cabeza. Pero ojo, ya se los dije, morí con una sonrisa de satisfacción en la cara, morí “con la satisfacción de quien encuentra la verdad, una única verdad que traspasa la muerte, que es trascendental, una muerte victoriosa” A la mierda, a la mierda, a la grandísima mierda. Tenía unas ganas de gritarle ¡Me mataron, gil! ¡Me mataron! ¡Qué clase de satisfacción hay en eso! Pereira va a seguir de putas, todos van a seguir robando y mintiendo y matando pero !ojo eh¡ yo me quede con la satisfacción de quien tiene la verdad.

HIJO DE PUTA, eso es, es un HI-JO DE PU-TA.

¡Ah! pero no, esto no queda así, porque si por alguna razón la novela trasciende algo que más que su estúpida computadora (!escribe tan mal el pobre¡  la única forme de que triunfe es si mis virtudes logran hacerse ver entre tanta palabra sin sentido, tanta erudición al divino pedo) Yo seré el vencedor, yo seré el que trascienda. Y volveré; me va a tener que resucitar, o va a tener que inventar viejas historias, pero de cualquier forma voy a volver y él va a ser mi esclavo, va a tener que someterse a mis designios, va a tener que aceptar que yo soy el héroe de todo esto, que él es solo el escriba que se sienta noche a noche a escribir sobre mí. El tiempo, la eternidad, apenas se acordara de él y su vida aburrida. En cambio, yo pasaré a la historia, yo y mis historias, yo y mi ingenio. En el final  yo habré vencido, habré vencido al tiempo y lo habré vencido a él.


lunes, 10 de febrero de 2014

Egoismos



Quisiera que se acabara el mundo. Que alguna bomba explote, que un asteroide caiga. Que el planeta se canse de nuestra mierda y detone seis o siete volcanes. Que desborde un rió, que crezca el mar y nos arrase a todos. Quisiera que un país idiota, y toda su gente idiota y mi país idiota y toda nuestra gente idiota se pelearan por una porción mas de tierra, por unos metros mas de grandeza. Y en una gran guerra nos mandaran a todos a la mismísima mierda. Pero todo esto solo si me sucediera a mi de una manera.
Si en el instante mismo en que los pulsos se aprietan, que los oídos estallan. Solo si cuando mi boca aprieta tu boca, la intenta despedazar como un caníbal y mis manos aprietan tu cintura, sosteniéndola, amarrándola. Si en ese mismo instante tus ojos cerrados me llaman, me invitan al goce de tu cuerpo, entonces ahí sí. Ahí acepto el destino.
Porque no me importa que el mundo acabe, si acabo con vos.