miércoles, 24 de diciembre de 2014

Less is more only when more is too much...







...An....yo no puedo dejar de soñar, si eso me sucediera sabría instantáneamente que he muerto o que la vida se me volvió lo que siempre temí, una costumbre, un respirar por respirar, comer por comer,  besar por besar. No An, me niego rotundamente a la idea. Debo soñar con un viaje, con la posibilidad de despertar al dia con tu sonrisa. Soñar que me expliques porque las estructuras, porque Gehry, porque Caveri o Le Corbusier. O porque la biblio de nuestro querido Clorindo o Wright y la Fallingwater.
Quizá mi sueño mas reciente sea como te ves en Barcelona, como la luz te trata en la Plaza Mayor de Madrid o lo monstruosa que es Bomarzo contrastada con tu figura...

viernes, 19 de diciembre de 2014

La noche del paradero...

"... Y ya entrada la mañana seguías durmiendo y sólo a mí me fue dado ver el fin de la noche del paradero, el sol rasante que convertía el fuelle del Fafner en una cúpula naranja, que resbalaba entre las cortinas laterales para meterse con nosotros en la cama, empezar a jugar con tu pelo, con tus senos, con tus pestañas que siempre parecen más, que siempre parecen muchísimas más cuando estás dormida.
También yo jugué ese último juego antes de las naranjas y el café y el aguafresca, un juego que viene de la infancia y que es taparse con la sábana, desaparecer en esas aguas de aire espeso y entonces de espalda doblar poco a poco las piernas levantando la sábana con las rodillas para hacer una tienda, y dentro de la tienda establecer el reino y allí jugar pensando que el mundo es solamente eso, que por fuera de la tienda no hay nada, que se está bien en el reino y nada más hace falta... Nunca te había deseado tanto, nunca la luz había temblando tanto en tu piel. Eras Lilith, eras Cypris, de la noche del paradero renacías al sol como los murmullos de afuera que crecían, los motores arrancando uno tras otro, el rumor de la autopista creciendo con el aflujo que cada paradero echaba ya a correr después del sueño. Te miré tanto, sabiendo que ibas a despertar perdida y asombrada como siempre, que no entenderías nada, ni la tienda secreta, ni mi manera de mirarte y que los dos empezaríamos el día como siempre, sonriéndonos y 'jugo de naranja' mirándonos y 'café, café, montañas de café'."
La noche del paradero, De Los autonautas de la cosmopista. Julio Cortazar

viernes, 5 de diciembre de 2014

De ciudades y pertenencias...











La ciudad nunca me perteneció. La recorrí, es cierto, con otras manos, con otras caras. La conocí en madrugadas hipócritas, fingiendo que la diversión de tragos y bailes me significaba algo, aunque sea diversión. Pero no,  siempre se me negó, siempre me camino por el costado. Aún en los días del colegio, aún en los días de trabajo, aún la primera vez que la vi, dura e imponente, perdida pero orgullosa en su ritmo, con ojos de niño. 
Buenos aires nunca  me había pertenecido como esa noche, donde los bares estaban cerrados, donde los museos se negaban a romper el puntual y sagrado horario de funcionamiento. Te seguí, por esa ciudad negada cómo siguen las hojas al viento ( y ni las metáforas me salen bien ahora) y me llevaste a un parque destruido, a una barranca sin escalones, a un río olvidado bajo el cemento.
¿Como iba a saber que la ciudad, negándoseme cómo siempre, en realidad se hacia mía, me aceptaba triste y taciturna, me llamaba a la delicia de un patio a media luz, de un banco fantasmal, de una boca convulsionada?
No podre nunca mas caminar esas calles de piedra, entre esos balcones sin pertenencia, sin sentir la leve caricia de tu mano, el tibio aliento de tu boca, mi torpe risa que alborotaba las esquinas. No podré pisar otra vez buenos aires sin sentir que fue mía esa noche,  qué dejó que escriba en sus calles la historia mas linda, los versos mas tristes, las esperanzas mas vivas.
La ciudad sigue sin pertenecerme. Vos también. Pero algo de los dos se quedo anclado en esas calles. Quizá, irónicamente, nosotros le pertenecemos a la ciudad.