sábado, 29 de diciembre de 2012



Un lugar para visitar en caso de contar con una maquina del tiempo: la vida nocturna de parís de finales del XIX, sobre todo los bailes del Moulin de la Galette.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Arte






Yo quisiera hacerle al arte, lo que el arte me hizo a mi. Quisiera estrujarlo, escupirlo, rodarlo por el piso, llenarlo de símbolos oscuros,  inútiles, falsear su verdad. Quisiera mostrarle caminos imposibles, un Etc Enorme. Y entonces, cuando agonice en el suelo, embolsarlo, etiquetarlo y venderlo al mejor postor.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Licantropía contemporánea







El grado más alto de la tristeza tanto puede ser
un general ciego mendigando a través de las islas
como hacia las 3 de la mañana la avenida de la Ópera
No hay límites para la melancolía humana
Se cuenta siempre con una piedra para colocar sobre la pirámide de las lágrimas
Estáis seguros de padecer tanto como una mujer estrangulada
en el momento en que ella sabe que todo ha terminado y desea acabar
Estáis seguros de que no valdría más 
ser estrangulado si uno piensa en los cuchillos de las horas que se acercan
Desde hace tiempo vivo mi último minuto 
La arena que mastico es la de una agonía invisible y perpetua
Las llamas que hago recortar de tiempo en tiempo por el peluquero 
son las únicas en delatar el negro infierno interior que me habita
Como cuerpos privados de sepultura 
los hombres se pasean por el jardín de mi mirada
Soñadores inexplicables 
o soy el único a quien golpea una mano desecada
en este desierto poblado entre estas flores áridas

Amo y soy amado Nada nos separa
Por qué entonces estar triste en el corazón espléndido del amor
El mundo sacude su estúpida cabeza Sabelotodo
Amo aunque la vida sea mortalmente intolerable
Amo aunque luego me vea obligado a aullar
Detrás de mí arrastro el manto fantasmal de las intenciones ocultas
Una cadena de perfeccionamientos del dolor moral 
suena a mis pies espantosamente desdichados
Amo y nos amamos pero en medio de un naufragio
pero en la punta de un puñal y no puedo 
no puedo soportar el mal que esto ha de hacerte
Tus ojos tus ojos amor mío desorbitados por todo lo que sea placer
Que me arranquen el corazón con tenazas
que terminen con mi cabeza que se despega
Bebo una leche como tinta y la hora del mediodía
se parece al carbón de los pantanos
donde se marchita el Sphagnum al que tomo por mi imagen en los espejos
Yo amo 
Yo te amo pero
en la cala de un barco en el instante de dar el salto Impaciencia
Innoble impaciencia de saber si eso podrá soportarse

Es probable que todos me juzguen un criminal
guiándose sólo por las debilidades y el aspecto
Ese hombre que según los diarios de la mañana decapitó a su amante
mientras dormía a su lado sollozó en el juzgado
La había asesinado en el cuarto después
en el sótano primero con un cuchillo luego con una sierra
separó la cabeza adorable para poner
el cuerpo en una bolsa lamentablemente algo pequeña
Sollozó en el juzgado
No somos acaso parecidos a las palmas
que crecen unidas florecen y fructifican
para dar una imagen del amor perfecto
El otoño llega con las manos llenas de ilusiones resplandecientes
Qué crimen es ese que me hace sollozar
Mirad mi amor está vivo 
Muéstrate querida mía
Nada podréis probar 
La coartada verde como una floresta
Se extiende por el horizonte donde graznan inútilmente los cuervos
Sin embargo en cada árbol hay un ahorcado que se balancea
en cada hoja una mancha de sangre

Qué puede haber peor que el cielo al amanecer o el betún de la tarde
Qué es eso que me impide morder a los paseantes en los bulevares
La amargura que siento crecer en mí puede ser el primer  torrente de un diluvio
a cuyo lado el otro parece un vulgar desborde de cloacas
Recuerdo que en mil quinientos cuarenta y uno
cerca de Pavía
cuando me apresaron en la campiña por donde deambulaba
víctima de los primeros efectos del mal
los campesinos no quisieron creerme cuando les dije la verdad
Rehusaron tomarme por lobo furioso
a causa de mi piel humana y Santos Tomases
eternos de la ciencia experimental
cuando les confesé que mi piel lupina estaba oculta
entre pellejo y carne
con sus puñales me hicieron tajos en los miembros y el cuerpo
para verificar mis melancólicas afirmaciones
no me tocaron la cara
espantados por la atroz poesía de mis rasgos

Qué es eso que me impulsa a aullar en las tumbas
qué es eso que me obliga a escarbar irresistiblemente en el polvo
donde duermen los enamorados en descomposición
Qué vas tú a exhumar como si la luz viviente
no tuviera bastante con las heridas de los vivos
Dadme el lenguaje tenebroso de los ajusticiados en la silla eléctrica
el vocabulario último de los guillotinados
La existencia es un ojo reventado Que se me entienda
bien un ojo que hacen reventar a cada instante
el harakiri sin fin 
Me enfurezco
al ver la calma idiota con que reciben mis gritos 
Por eso quiero sacar de las fosas hipócritas
a los fallecidos de muerte violenta con sus pupilas horrorizadas
quiero desterrar a las víctimas de las catástrofes
cuyos esqueletos conservan las posturas del terror
que se adaptan maravillosamente a estos días que corren

Decía precisamente mi vecina que hay
gentes que se tiran al agua
Si soy una bestia babosa a quien el asco del mundo
hace babear sería muy fácil acabar con todo
amor mío amor mío oyes esta blasfemia
No es la palidez del amor no es la palidez de la muerte
sino la de los lobos ésta que hay en mi rostro
No puedo morir a causa de esta flor inmensa
cuyo cáliz no puedo soportar que se cierre
Se ha logrado un notable progreso en materia de torturas
sobre el cobayo que soy
sobre el cobayo salvaje que soy las dos manos
atrapadas en dos puertas
el amor la muerte
y unos hércules abstractos se apoyan sobre las dos puertas
con la tranquila seguridad de un número de music-hall
ejecutado sin ningún esfuerzo aparente
Cómo nunca notaste que mis besos se parecían a las palabras sacrílegas
que son todo lo que queda por decir a los esclavos descuartizados
Cómo nunca notaste que te amo en el instante mismo en me matan
que es siempre la última vez que gozo abominablemente en tus brazos
Tus brazos tan bellos que ahí está justamente
ahí está lo más terrible

Todo tendrá que acabar de modo salvaje
Yo te perteneceré haré arrojar a tu amante a las fieras
O lo haré examinar con engaños por un médico alienista
o bien lo mataré fríamente
amor mío
durante su sueño mientras yace pálido y desnudo
mientras los lobos surgen en torno de los cementerios donde duermen
los bellos días que pasamos juntos amor mío.

Louis Aragon

sábado, 1 de diciembre de 2012

Un sueño en un sueño







    Se sienta ante una mesa lujosa, llena de comida exótica pero deliciosa a los ojos. Viste elegantemente, como no recuerda haberlo hecho antes. Sabe que debe tener unos ochenta años, las manos que se dirigen con un pulso para nada firme hacia la comida, provistas de tenedor y cuchillo, se lo confirman. Están viejas, arrugadas, pero lucen muy pulcras, aunque unas cicatrices distribuidas sobre ellas rompen la armonía y las vuelven imperfectas. No hay anillos. Solo una marca circular en el dedo.
Termina de cenar (pues las velas en la mesa y las ventanas cerradas le indican que ya es de noche) y se dirige con paso seguro, a pesar de las rodillas un poco desaceitadas hacia una puerta. El recorrido se le hace habitual. Abre la puerta y ve que es un estudio, mientras tras de sí oye como es levantada la mesa, al parecer con una prisa forzada, por gente que se encontraba esperando el final de su cena. Pero no se vuelve a mirar, parece acostumbrado a esa rutina. La puerta se cierra tras de sí por la acción de su mano. Todo le es familiar en ese cuarto, hay fotos en todos los rincones que no consigue recordar, momentos que no puede evocar. Familia, presuntas vacaciones en el mar. Cacerías de animales que no recuerda haber visto en su vida. Y la gente que lo acompaña tampoco escapa a su amnesia emocional, porque sus caras no le resultan conocidas, aunque esté con ellos ahí, en las fotos, sonriendo estúpidamente. Perplejo, se sienta en un lujoso pero poco cómodo sillón que sin embargo se amolda perfectamente a su cuerpo; sin duda pasa mucho tiempo allí. Hay una multitud de papeles diseminados sobre el escritorio. Les da una hojeada hasta que se topa con un resumen de cuentas del banco. No reconoce su nombre en él, pero aun así sabe que ese es él, aunque no viene a su cabeza haber visto alguna vez tantas cifras juntas en su vida. Sin duda tiene mucho dinero. Parece que no le va mal en la vida. Un bostezo se escapa rabioso de su boca haciéndole doler toda la cara. Decide levantarse y dirigirse hacia su dormitorio. 
Atraviesa galerías y pasillos oscuros, débilmente iluminados por las pocas luces que va encontrando en su camino, mientras refulgen aquí y allá objetos de oro y plata, junto con marcos que encierran pinturas raras pero seguramente costosas. Sube la escalera de madera lujosamente lustrada como si naturalmente hubiese pisado esos escalones miles de veces antes. Aparecen en esta área, más cuadros, gigantescos y finos cuadros que nunca llegara a comprender, pero que cubren las paredes a la perfección. Casi como por inercia empuja una puerta que parece ser la de su habitación. Entra y enciende la luz, solo para darse cuenta de que ese lugar, aunque acogedor, parecería destinado a mucho más de una o dos personas. Nota que en otro tiempo habitó también allí una mujer. Lo nota porque hay un mueble tocador con un espejo bajo, y sobre el mármol del mismo hay infinidad de arreglos y joyas, así como perfumes y demás cosas inútiles. También el lado derecho de la cama está dispuesto de forma diferente y su respectiva mesa de luz se encuentra llena de utensilios poco varoniles. Sabe que ha tenido mujer, pero que por alguna trágica y triste razón ya no está. Tan triste que lo ha obligado a no poder deshacerse de sus cosas. Se sumerge en las frías sábanas, del lado que sabe, siempre ha dormido. Por algún motivo ajeno al cansancio cierra sus ojos y se va durmiendo rápidamente, como extasiado.



Despierta con una fuerte sensación de sed que parece quemarle la boca y al abrir los ojos se da cuenta que está durmiendo en la calle, entre frazadas y trapos que forman una cama frente a la vidriera de un local de ropa que de día cobra fortunas por sus prendas.  Sus atuendos no encajan con las demás colecciones en vidriera, no están muy deteriorados pero no le sientan bien, le aprieta la camisa y el pantalón está demasiado suelto, remediado con un cable que hace de cinturón pero a la vez le oprime demasiado la cintura, tanto que siente que le falta el aire. Se incorpora y se da cuenta de que la sed es parte de una resaca terrible que le carcome también el estómago. Intenta dar un paso pero su pie derecho parece detenerse al primer impulso y al bajar la vista descubre que tiene el pie atado con una soga. El otro extremo de la soga está aferrado a un carrito de supermercado que lo espera firme, junto con su carga de cartones y latas y otras cosas inservibles hace un par de minutos, en el sueño.
Un poco mareado, comienza pensar si lo anterior que vivió era un sueño solamente. ¡Que crueldad! No puede creer que haya sido un sueño. Pero quizá no, quizá esto de ahora sea un sueño (intenta reconfortarse) quizá esto no sea más que un sueño, o más bien una terrible pesadilla. Podría aún estar durmiendo en esa cama tan suave y cómoda y en unos minutos alguien lo vendrá a despertar. Sería lo mejor. 
¿Acaso esos recuerdos vienen de otros tiempos? No recuerda mucho, como si hubiese vivido el guión de la vida de alguna otra persona. Sabe que no es rico. Se convence. Sabe que cada día tiene que recorrer cientos de cuadras para conseguir la chatarra, cartón, metales que vende para alimentarse y para seguir alimentando esa resaca que ya es como parte de su ser y que a veces, solo a veces, le hace olvidar del pasado que carga en sus hombros.
Se aleja de su improvisada casa sonriendo al recordar la suntuosidad de su sueño, la imaginación que todavía conserva. Aunque no logra entender porque entre tanta gloria onírica y su realidad se esparce el mismo sentimiento; una soledad que lo cubre todo, cada fibra de su ser.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Solo temen los que están vivos...

                                                   



No tengo miedo de ser

No tengo miedo de ser
No tengo miedo de ser
-ella repite en voz alta-
No tengo miedo de ser
No...

Tengo miedo...

Miedo de ser solo una voz en el viento
el rastro fugaz de esa estrella 
que ahora se apaga
huesos resecos en el desierto
la idea de un loco o un dios cruel
o el sueño de una bestia milenaria
a la que estan matando con espadas y dagas
mientras entonan canciones de guerra.

No tengo miedo de ser

No tengo miedo de ser
-ella repite y se va durmiendo-

lunes, 12 de noviembre de 2012

Ruta 62


Al principio estaban contentos. La ruta significaba no solo progreso, sino unión; pertenecer de una vez por todas al mundo que se encontraba más allá de la pampa. El pueblo celebró con júbilo la noticia de la construcción de la ruta sobre nuestro viejo e histórico camino de ripio. Por un lado la polvareda de los autos que se animaban a la aventura de adentrarse hasta nuestras tierras o al menos a pasar de largo para ir a Ingeniero Prairie, se extinguiría con los primeros trabajos. Por otro lado, una vez terminadas las obras, se estaría a no más de media hora de la capital, lo cual exaltaba a los niños, ocupaba a los adultos y llenaba de una vaga melancolía a los viejos.
Yo fui el único receloso (al menos el único que lo declaro abiertamente) de que nos uniéramos a los demás pueblos, de dejar de ser como una cosa aislada, preservada de los cambios que en esos años se daban con una rapidez atemorizante. No hacía mucho que la televisión había sacado de la calle a los chicos. Los juegos de la plaza mayor cada vez estaban más abandonados y hasta los árboles, sin escaladores que los desafiaran, los arboles más grandes y más viejos de toda la provincia, se secaron el último otoño, como entristecidos y no volvieron a reverdecer nunca más, presagio de un cambio para mal. Entonces, al tiempo llegó lo de la ruta e intuí, en esa apertura de nuestro pueblo al ritmo enloquecido de las ciudades, una premonición de ruina, de inevitable caída, de pérdida de lo seguro y lo sagrado. Ya nunca más estaríamos seguros, ya nunca seriamos de nuevo ese próspero pueblo que no necesitaba de los demás, que resplandecía en una pequeña pero segura economía,  bienestar de ser pocos pero honrados, simples pero efectivos.
Aun así, la ruta se construyó igual y en un par de meses estuvo lista. Cruzaba (como nuestro antiguo camino de ripio, que nunca olvidaré, pues resguardo en mi casa varias piedras en un frasco) al pueblo por la mitad, y por primera vez sentí como una separación de partes, como si una herida profunda y repentina se hubiese abierto en nuestro pueblo. La cicatriz de cemento resplandecía y dibujaba charcos a los lejos bajo el sol de ese septiembre en el que entre bombos y platillos el Intendente junto al Gobernador inauguraron la nueva ruta sesenta y dos, unión de Ingeniero Prairie con la Capital, unión de unos con otros y nosotros en el medio, atravesados por la ruta, sin darnos cuenta del terrible futuro que nos esperaba.
Los primeros días la ruta nos atemorizo un poco. Tomábamos mayores recaudos al cruzar y exhortábamos a los chicos a que miraran bien, muy atentamente a cada lado antes de cruzarla. Los caminos que antes se hacían por dentro del pueblo se fueron sustituyendo por el de la ruta, necesario e inevitable camino ahora. Los menos contentos éramos pocos y tratamos de mantener nuestras costumbres como antes, sin querer casi acercarnos a la ruta. Y en caso de tener que hacerlo lo hacíamos a las apuradas, como temiendo que esa serpiente negra pudiera despertarse y tragarnos de un bocado. Pero eso duró poco, la mayoría se acostumbró a transitarla aunque no tuviera que cruzar al otro lado del pueblo. Salían por sus calles hacia la ruta, la transitaban apenas unos metros y volvían a entrar en el pueblo.
Todos la elogiaban.
Cada día, un elogio más, una nueva pregunta.
¿Cómo habíamos vivido hasta ese entonces sin ella? ¿Cómo sin esa ruta que dormía tranquila, segura de estar cumpliendo su tarea, uniendo dos mundos mientras lentamente destruía otro, pequeño e insignificante?
La catástrofe, el desastre, no ocurrió como yo temía. El mal avanzo reptando, despacio, acechándonos lentamente, para atacar un buen día por sorpresa. Como dije antes, todos al principio vieron beneficios, en realidad beneficios vanos porque solo algunos se aventuraron a ir hacia Prairie o hacia la Capital, volviendo inmediatamente espantados de la locura, de la inmoralidad y del ritmo vertiginoso y cruel en el que se movían orgullosamente por allá. Al menos eso nos infundió orgullo, seguridad de que aunque ya no estábamos tan aislados y con la posibilidad de caer en esos horrores, seguíamos siendo el mismo pueblo tranquilo, sereno al pie de esa pampa casi vacía. Orgullosos de nuestra capacidad de preservarnos del pecado que conllevaba el progreso allí fuera, en el mundo de cemento que se encontraba a no más de una hora de nuestras vidas. ¡Si hubiese sabido, si hubiéramos sabido que al sumarnos a lo cotidiano de estar mejor comunicados abríamos paso a una destrucción, a una separación que nadie quería en realidad pero que fue inevitable!
Pero no lo vimos.
   No vimos que el flujo de autos, que al principio era lento y temeroso, fue creciendo en cantidad y velocidad. Los más optimistas esperaron visitas que nunca llegaron. Los primeros que pasaron disminuyeron la velocidad para mirar mejor ese pueblito polvoriento y viejo, tan diferente a su ciudad, tan anticuado. Quizá alguno hubiese entrado si hubiésemos tenido alguna atracción turística pero en  verdad, lo único que de turismo había estaba en libros antiguos, en la pequeña y rala biblioteca del pueblo. Así entonces, cada vez más autos se entregaron a la idea de pasar a prisa, como recelosos de disminuir su velocidad, como si en nuestro pueblo hubiera habido una epidemia de alguna enfermedad terrible y se hubiese corrido la voz por todos lados. No entendíamos a esos viajantes que empezaron a mirarnos de reojo, mientras retaban a sus hijos y los obligaban a sentarse correctamente, mirando sólo hacia delante, para que no vieran perderse la ruta y ese pueblo extraño y ajeno, que se alzaba a los lados.
Súbitamente, empezaron los inconvenientes. La fila de autos era cada vez más continua y rápida. Se empezó a levantar un rumor en el pueblo como de queja. La hija menor de los Paladino casi había sido atropellado por un camión rojo que había pasado como endemoniado, bufando su bocina sin siquiera pedir disculpas. El hijo de Estévez tuvo que correr para cruzar cuando fue a visitar a su tía, porque los autos no cesaban de pasar. Hasta yo mismo estuve, casi una hora, esperando por un resquicio, un espacio que me dejara cruzar aunque fuera corriendo al otro lado para comprar en lo de Fernández.
Al fin nos fue imposible el volver a cruzar esa ruta que nos dividía ahora cruelmente, enajenada en la velocidad y la prisa. Durante un tiempo, solo de noche se pudo cruzar, aventurándose con un farol o una linterna y a riesgo de ser atropellados. Pero, a los pocos días, ni siquiera de noche fue posible pasar al otro lado del pueblo. De día la columna rápida de autos se parecía mucho a un desfile de autos deportivos o por qué no a carreras de turismo carretera. De noche, se asemejaba más al tránsito de luces de navidad, si las luces fueran enormes y anduvieran recorriendo de ida y vuelta la ruta camino a Prairie o a la Capital.
Desde entonces, desde que la ruta nos partió en dos, nuestras costumbres cambiaron. Todas las tardes se veía interrumpir las labores del pueblo para juntarse a la vera de la ruta e intercambiar novedades de uno y otro lado. Padres e hijos. Amigos. Patrón y empleados.
Las noches en cambio fueron para las parejas. Para poemas recitados a la luz de la débil luna y de los encandilantes autos que pasaban. Neruda recitado a gritos, Cortázar ahogado entre bocinazos. Amantes que se miraban, sin atreverse a gritarse por el miedo a ser descubiertos, deseándose entre las caras inagotables de los conductores de los autos, que manejaban mientras todos los demás dormían.
Cuando la época de elecciones estuvo próxima, el Intendente decidió dar un poco del agua que el arroyo de nuestro lado nos regalaba diariamente, a los del otro lado del pueblo. Nos costó mucho porque éramos pocos los jóvenes que prestaron su fuerza para instalar la bomba enorme, que con su presión terrible llevaría parte del caudal del arroyo hacia el otro lado. Es cierto que nos envalentonaron las miradas dulces y confiadas de las mujeres que nos miraban desde el otro lado, anhelantes de un poco de refresco de los calores de diciembre. Luego de incontables problemas y de mucho esfuerzo de los pocos jóvenes y de algunos viejos todavía fuertes, terminamos la instalación de la bomba, que apuntaba por encima de la ruta y sus autos hacia el otro lado. El intendente, orgulloso por anticipado de su proeza, accionó el botón que iniciaba la maquinaria y  para contento de todos un enorme chorro de agua blanca se alzó por sobre los autos y pasó hacia el otro lado, destruyendo un cartel  y surcando la tierra, formando una pequeña laguna donde se refrescaron luego como no podían hacerlo desde hacía tiempo. Ese día, también, nos dimos cuenta de que por más locura por cruzar o más anhelo por estar aunque sea unos segundos en el otro lado ya casi olvidado en nuestra memoria, no lo haríamos nunca más. Porque uno de nosotros, uno de este lado, anhelando rencontrarse con  su amante que lo miraba mientras se sumergía en la pequeña laguna artificial, un joven pequeño y ágil, trepo hasta la bomba e intento cruzar por sobre el puente de falso cristal que comunicaba con el otro lado. Todos en el pueblo nos quedamos atónitos naturalmente,  por lo que el joven intentaba hacer, todos vimos cómo se trepaba al imposible puente de agua y empezaba a cruzarlo en una especie de milagro doméstico. El pueblo enmudeció mientras él avanzaba seguro sobre el puente, sin mirar atrás, sólo hacia delante, allí, donde surgía la otra mitad, esa que tanto había extrañado. Sin embargo cuando el muchacho desvió la mirada y miro por una milésima de segundo hacia la multitud de coches bajo sus pies, se hundió en el agua, traspasándola y desapareció en la ruta.

miércoles, 31 de octubre de 2012

El poder de las palabras (Edgar Allan Poe)


Oinos.-Perdona, Agathos, la flaqueza de un espíritu al que acaban de brotarle las alas de la inmortalidad.

Agathos.-Nada has dicho, Oinos mío, que requiera ser perdonado. Ni siquiera aquí el conocimiento es cosa de intuición. En cuanto a la sabiduría, pide sin reserva a los ángeles que te sea concedida.

Oinos. -Pero yo imaginé que en esta existencia todo me sería dado a conocer al mismo tiempo, y que alcanzaría así la felicidad por conocerlo todo.

Agathos.-¡Ah, la felicidad no está en el conocimiento, sino en su adquisición! La beatitud eterna consiste en saber más y más; pero saberlo todo sería la maldición de un demonio.

Oinos.-El Altísimo, ¿no lo sabe todo?

Agathos.-Eso (puesto que es el Muy Bienaventurado) debe ser aún la única cosa desconocida hasta para Él.

Oinos. -Sin embargo, puesto que nuestro saber aumenta de hora en hora, ¿no llegarán por fin a ser conocidas todas las cosas?

Agathos.-¡Contempla las distancias abismales! Trata de hacer llegar tu mirada a la múltiple perspectiva de las estrellas, mientras erramos lentamente entre ellas... ¡Más allá, siempre más allá! Aun la visión espiritual, ¿no se ve detenida por las continuas paredes de oro del universo, las paredes constituidas por las miríadas de esos resplandecientes cuerpos que el mero número parece amalgamar en una unidad?

Oinos.-Claramente percibo que la infinitud de la materia no es un sueño.

Agathos.-No hay sueños en el Edén, pero se susurra aquí que la única finalidad de esta infinitud de materia es la de proporcionar infinitas fuentes donde el alma pueda calmar la sed de saber que jamás se agotará en ella, ya que agotarla sería extinguir el alma misma. Interrógame, pues, Oinos mío, libremente y sin temor. ¡Ven!, dejaremos a nuestra izquierda la intensa armonía de las Pléyades, lanzándonos más allá del trono a las estrelladas praderas allende Orión, donde, en lugar de violetas, pensamientos y trinitarias, hallaremos macizos de soles triples y tricolores.

Oinos.-Y ahora, Agathos, mientras avanzamos, instrúyeme. ¡Háblame con los acentos familiares de la tierra! No he comprendido lo que acabas de insinuar sobre los modos o los procedimientos de aquello que, mientras éramos mortales, estábamos habituados a llamar Creación. ¿Quieres decir que el Creador no es Dios?

Agathos. -Quiero decir que la Deidad no crea.

Oinos.-¡Explícate!

Agathos.-Solamente creó en el comienzo. Las aparentes criaturas que en el universo surgen ahora perpetuamente a la existencia sólo pueden ser consideradas como el resultado mediato o indirecto, no como el resultado directo o inmediato del poder creador divino.

Oinos. -Entre los hombres, Agathos mío, esta idea sería considerada altamente herética.

Agathos. -Entre los ángeles, Oinos mío, se sabe que es sencillamente la verdad.

Oinos.-Alcanzo a comprenderte hasta este punto: que ciertas operaciones de lo que denominamos Naturaleza o leyes naturales darán lugar, bajo ciertas condiciones, a aquello que tiene todas las apariencias de creación. Muy poco antes de la destrucción final de la tierra recuerdo que se habían efectuado afortunados experimentos, que algunos filósofos denominaron torpemente creación de animálculos.

Agathos.-Los casos de que hablas fueron ejemplos de creación secundaria, de la única especie de creación que hubo jamás desde que la primera palabra dio existencia a la primera ley.

Oinos.-Los mundos estrellados que surgen hora a hora en los cielos, procedentes de los abismos del no ser, ¿no son, Agathos, la obra inmediata de la mano del Rey?

Agathos-Permíteme, Oinos, que trate de llevarte paso a paso a la concepción a que aludo. Bien sabes que, así como ningún pensamiento perece, todo acto determina infinitos resultados. Movíamos las manos, por ejemplo, cuando éramos moradores de la tierra, y al hacerlo hacíamos vibrar la atmósfera que las rodeaba. La vibración se extendía indefinidamente hasta impulsar cada partícula del aire de la tierra, que desde entonces y para siempre era animado por aquel único movimiento de la mano. Los matemáticos de nuestro globo conocían bien este hecho. Sometieron a cálculos exactos los efectos producidos por el fluido por impulsos especiales, hasta que les fue fácil determinar en qué preciso período un impulso de determinada extensión rodearía el globo, influyendo (para siempre) en cada átomo de la atmósfera circundante. Retrogradando, no tuvieron dificultad en determinar el valor del impulso original partiendo de un efecto dado bajo condiciones determinadas. Ahora bien, los matemáticos que vieron que los resultados de cualquier impulso dado eran interminables, y que una parte de dichos resultados podía medirse gracias al análisis algebraico, así como que la retrogradación no ofrecía dificultad, vieron al mismo tiempo que este análisis poseía en sí mismo la capacidad de un avance indefinido; que no existían límites concebibles a su avance y aplicabilidad, salvo en el intelecto de aquel que lo hacía avanzar o lo aplicaba. Pero en este punto nuestros matemáticos se detuvieron.

Oinos.-¿Y por qué, Agathos, hubieran debido continuar?

Agathos. -Porque había, más allá, consideraciones del más profundo interés. De lo que sabían era posible deducir que un ser de una inteligencia infinita, para quien la perfección del análisis algebraico no guardara secretos, podría seguir sin dificultad cada impulso dado al aire, y al éter a través del aire, hasta sus remotas consecuencias en las épocas más infinitamente remotas. Puede, ciertamente, demostrarse que cada uno de estos impulsos dados al aire influyen sobre cada cosa individual existente en el universo, y ese ser de infinita inteligencia que hemos imaginado, podría seguir las remotas ondulaciones del impulso, seguirlo hacia arriba y adelante en sus influencias sobre todas las partículas de toda la materia, hacia arriba y adelante, para siempre en sus modificaciones de las formas antiguas; o, en otras palabras, en sus nuevas creaciones... hasta que lo encontrara, regresando como un reflejo, después de haber chocado -pero esta vez sin influir- en el trono de la Divinidad. Y no sólo podría hacer eso un ser semejante, sino que en cualquier época, dado un cierto resultado (supongamos que se ofreciera a su análisis uno de esos innumerables cometas), no tendría dificultad en determinar, por retrogradación analítica, a qué impulso original se debía. Este poder de retrogradación en su plenitud y perfección absolutas, esta facultad de relacionar en cualquier época, cualquier efecto a cualquier causa, es por supuesto prerrogativa única de la Divinidad; pero en sus restantes y múltiples grados, inferiores a la perfección absoluta, ese mismo poder es ejercido por todas las huestes de las inteligencias angélicas.

Oinos.-Pero tú hablas tan sólo de impulsos en el aire.

Agathos.-Al hablar del aire me refería meramente a la tierra, pero mi afirmación general se refiere a los impulsos en el éter, que, al penetrar, y ser el único que penetra todo el espacio, es así el gran medio de la creación.

Oinos.-Entonces, ¿todo movimiento, de cualquier naturaleza, crea?

Agathos.-Así debe ser; pero una filosofía verdadera ha enseñado hace mucho que la fuente de todo movimiento es el pensamiento, y que la fuente de todo pensamiento es...

Oinos. -Dios.

Agathos.-Te he hablado, Oinos, como a una criatura de la hermosa tierra que pereció hace poco, de impulsos sobre la atmósfera de esa tierra.

Oinos. -Sí.

Agathos.-Y mientras así hablaba, ¿no cruzó por tu mente algún pensamiento sobre el poder físico de las palabras? Cada palabra, ¿no es un impulso en el aire?

Oinos. -¿Pero por qué lloras, Agathos... y por qué, por qué tus alas se pliegan mientras nos cernimos sobre esa hermosa estrella, la más verde y, sin embargo, la más terrible que hemos encontrado en nuestro vuelo? Sus brillantes flores parecen un sueño de hadas... pero sus fieros volcanes semejan las pasiones de un turbulento corazón.

Agathos.-¡Y así es... así es! Esta estrella tan extraña... hace tres siglos que, juntas las manos y arrasados los ojos, a los pies de mi amada, la hice nacer con mis frases apasionadas. ¡Sus brillantes flores son mis más queridos sueños no realizados, y sus furiosos volcanes son las pasiones del más turbulento e impío corazón!

viernes, 26 de octubre de 2012

...

Hay días en que es inútil intentar disfrazar la cosa. Las palabras que duelen no se pueden endulzar. Hoy estoy hecho mierda y nada parece salir bien...

lunes, 22 de octubre de 2012

Bird


Canta pájaro, te ves tan libre para abrir tus alas y cantar
sueña pájaro, todavia no te das cuenta de que la jaula esta ahí

es tan inmensa que nos creemos totalmente libres
pero créeme, o no, podes hacer lo que quieras
de todos modos,
 para que tanta libertad si no sabemos que hacer con ella

Canta pájaro canta, que al menos tu voz escape por las rejas
y algún día, en algún rincón, en los besos de una mujer
o en la nota mas baja de una canción
te puedas sentir verdaderamente libre...



jueves, 11 de octubre de 2012

La espera




 Miguel Ángel Britos ésta recostado sobre un árbol. Sufre nervioso el paso de las horas. También sufre el frió de la noche. Está seguro de que nadie podrá distinguir su figura que se funde  y se integra con la silueta del árbol. Al parecer, por la soledad que reina a esas horas avanzadas, hasta la luna dio por terminada su jornada y no muestra su cara. Todo está sumergido en la oscuridad y el silencio en el barrio. Por momentos, Britos torna a tocarse el pecho. Apenas si siente su corazón. Le late terriblemente despacio, como si lo tuviera oxidado. Una picazón en la garganta lo obliga a toser repetidamente, pero trata de hacerlo los más suave posible. No quiere ser delatado. Ha estado esperando por horas, ya no sabe cuántas, pero han sido muchas y está verdaderamente esgunfiado. Escupe a un lado y la tos se le calma un poco. Anhela un vaso de alguna bebida espirituosa para calmar la sed agobiante que le reseca la boca. También anhela entender cómo, un tipo como él, un cobarde con historial, espera tan paciente, con tanta decisión, al hombre que tendrá que matar.
La cuestión no es demasiado complicada. La noche anterior, mientras improvisaba un tango en un burdel, rasgando la guitarra como un loco; quizá por el alcohol, quizá por una inentendible decisión de autodestrucción, ha ofendido al Guapo Salazar. La letra le ha venido fácil, sabedor de la mala vida del guapo y del pasado de su mujer, le ha dirigido unas estrofas osadas, que han sido festejadas por toda la muchachada del lugar. El Guapo la cazo al toque y se le enfrentó apenas se destemplaba el último acorde, mostrándole el brillo de su puñal y apurándolo a medirse. Britos despertándose del fragor del alcohol se encontró casi obligado a pelearse con uno de los matarifes más famosos del arrabal. Pero ni el alcohol le ha hecho olvidar que él nunca se ha medido ni ha peleado. Que nunca ha tomado siquiera  un cuchillo para hacer alarde y ha desestimado la exigencia de pelear. Apoyando su guitarra a un lado con cuidado, se ha dirigido a la barra a pedir un trago más. Ofendido, totalmente lleno de ira e impotencia por el rechazo, Salazar ha tomado la guitarra abandonada de Britos y la ha estrellado en el piso sucio, destrozándola en mil pedazos y riéndose como endemoniado mientras los curiosos se asomaban a la escena para husmear. Britos ha sentido revolvérsele las tripas al escuchar el estruendo de las cuerdas que han sonado por última vez. Se ha dado vuelta, ha visto lo que ha hecho su enemigo reciente y se ha dirigido hacia él (en su fantasía). En realidad se ha dirigido hacia la puerta, ha pasado al lado del Guapo sin mirarlo, sin atreverse a mirar esos ojos a la espera del desafío, ha abierto la puerta del lugar y sin mirar atrás ha salido del piringundín,  mientras tras él estallaban gritos de victoria mezclados con otros de lamento por la pelea no realizada.
Por eso Britos está allí, por eso espera al Guapo para liquidarlo. Sabe que la única manera de vengarse, la única forma en que podrá triunfar sin exponerse a ser acuchillado con facilidad es cuando Salazar este bien en curda y desprevenido. Cuando llegue a su casa como tantas madrugadas, hecho una piltrafa, ciego de tanto alcohol. Sabe que si no lo hace (y también se lo ha dicho el Tanito) no podrá pisar más ni ese ni ningún otro burdel del barrio. El Guapo los maneja todos, es hombre de confianza del dueño de la mayoría de ellos.
Con lo que le gusta a él frecuentarlos. Bailar unas milongas tristes mientras la curda juega su papel y lo enajena del mundo por unos instantes, mientras se vuelve uno con la música y se olvida de los amores perdidos; del dinero que debe, del alquiler sin pagar. Es en esos antros donde lo han apodado el “gusano” por su manera de bailar, por esa extraña manera de contornease tan parecida a un gusano en el lodo. Sabe que no podrá olvidar aunque quiera las noches de parranda con la Francesita. No quiere (no le da la gana)  buscar otros burdeles que esos. Entregarse a otros cuerpos que a esos extraños pero conocidos que lo sacian por una noche, que lo redimen como si fuera posible redimirse en la mugre, en los besos; en el olor a sexo y desesperación y alcohol barato. Pero también sabe que tanto en esos lugares como en otros, luego de las noches de juerga, se encontrara del mismo modo solo, tan angustiado y perdido como antes, sin saber porque busca ahí algo que no encontrara en ninguna parte. Cada vez más convencido de que su destino es simple, vagar sin rumbo por la vida como un barco sin faros a la vista, tanteando a ciegas el rio de cemento que se extiende al lado de ese otro rio indiferente.
Se siente un tirado, un bueno para nada, una lacra social que el tiempo se encargara de borrar. Como a una cucaracha que deber ser pisada y arrojada a un lado con desdén, con la certidumbre de que eso es lo que se debe hacer con alimañas como él, tan estériles para la sociedad.

Las rodillas le empiezan a doler y cambia de postura. Intenta liar un cigarro pero no puede, la oscuridad es total salvo una débil luz que alumbra la esquina por donde espera venir tarde o temprano al condenado. Ya está acalambrado por el frió que le cala hasta los huesos, pero espera. Tiene que esperar, debe esperar horas, días, quizá hasta siglos; porque no quiere morir sin probar el sabor de la venganza, ver la cara del hombre mientras le clava el puñal (que acaricia sin darse cuenta bajo el abrigo) hasta el mango.
Vendrá, tarde o temprano Salazar vendrá por esa esquina. No duda ni un instante del dato que le ha pasado el Tanito Brizuela. Apenas se enteró del altercado, el Tanito lo ha buscado por todos lados y lo ha encontrado en un café, donde Britos se refugiaba sin saber qué hacer. El Tanito lo ha animado a emboscar al guapo, si hasta le dio su propio puñal. En el café, mientras recordaban los años de la infancia, los juegos inocentes que habían celebrado de chicos, el Tanito le ha abierto los ojos. Debe hacerlo por el honor, primero y principalmente, pero también porque según el Tanito, Salazar llevara el dinero de las ganancias de todos los locales que regentea. A Britos la idea lo envalentona, le sugiere nuevos caminos. Empezar lejos de allí, quizá en el Uruguay, una nueva vida sin miseria y sin esa existencia sórdida que siente, lo está aplastando contra el piso. El Tanito le dice que lo ha planeado por meses, pero necesita a alguien más para que no sospechen. No puede vigilar y matar al Guapo, lo conocen demasiado como para no sospechar inmediatamente de él. Necesita a alguien que lo espere en el lugar mientras él lo entretiene y lo pone en curda con la facilidad acostumbrada. Britos le preguntó si no llevara custodia o armas, pero el Tanito dice que Salazar no es hombre de armas y que nunca va a su casa con custodia, tal es su prepotencia. El último burdel que visitara será donde se emborracharan juntos y está a no más de cinco cuadras de donde vive. Vuelve a asegurar que el guapo ira solo.
¿Puede confiar en el Tanito Brizuela? Britos lo conoce desde chico. Casi se han criado juntos, como si fueran hermanos. En la adolescencia le ha perdido el rastro. En su ausencia ha tenido noticias de que ha estado guardado en una cárcel del sur por homicidio, de que ha escapado durante un motín, de que ha viajado al norte hasta que las cosas se calmaran y un buen día hace unos meses ha vuelto al barrio. No sabe si es verdad todo lo que le han dicho, el Tanito ha cambiado mucho desde la última referencia que tiene de él. A veces parece un fiel compañero de parranda, una persona de ley como en la lejana niñez. Pero otras veces, más entonado por la bebida,  lo ha sorprendido su comportamiento ventajero, su aire de veleta que vendería su madre al mejor postor.
A Britos no le importa mucho confiar o no. Lo hará igual a final. No solo lo tienta la idea del dinero. Encuentra también en el peligro de la empresa otro destino que sospecha inexorable desde hace tiempo. ¿No desea desde quien sabe cuándo, una excusa para arrojarse al rio o amarrar a su cuello una soga y extinguirse? ¿Acaso no hay noches en donde a pesar de los nepentes de moda, del alcohol y la blanca, no encuentra más consuelo que pensar en apagar su cabeza de una vez por todas, aniquilando esa angustia que le carcome el alma?
No está seguro, porque por otro lado, también hay una especie de instinto de supervivencia que le alarma. Que le dicta una súplica para que salga de allí, para que escape sin arriesgarse a mancharse inútilmente las manos. Que escape y siga viviendo a pesar de su cobardía, que se aferre a la vida como un germen o un parasito se aferra a su huésped. Que viva, escondido y cobarde pero que viva.

Ya es tarde. Britos se despabila al ver una figura que apenas se distingue en la oscuridad. Recorre la calle de punta a punta en su vaivén de borracho mientras tararea una canción indescifrable. Apenas la luz de la esquina lo transfigura desde la sombra, Britos ve que es Salazar y va solo. También ve que lleva una cartera bajo el brazo.
Lo siguiente es casi automático. Britos mira a todos lados y cuando el Guapo llega al frente de su casa, se pone de pie y camina rápidamente hacia él. Cuando está a unos metros, mientras el guapo no acierta a colocar la llave en la cerradura por la curda, saca el cuchillo y lo deja brillar en alto a un lado de su cuerpo. El guapo, desistiendo el intento de abrir la puerta, se deja caer contra la misma y  lo ve. Sus ojos resplandecen, quizá por el alcohol o quizá por pura perversión,  pero no se abren enormes ni se le dilatan las pupilas como Britos se lo había imaginado. Entonces siente que un escalofrió  le recorre el cuerpo. ¿Qué clase de hombre no le teme a la muerte, por más que se agarre una curda como esa? No le importa, lo hará igual, aunque el sentenciado sea indiferente. Debe hacerlo antes de que el miedo y la cobardía lo hagan reflexionar. Avanza, lo toma por el hombro y en cuanto tiene la cara del guapo (que está sonriendo) frente a sí, le hunde el puñal hasta el mango. Salazar gime un segundo apenas y lo toma a su vez por el cuello. Se oye un estampido y a Britos un dolor penetrante le quema el estómago. Suelta el puñal y Salazar cae pesadamente contra la puerta de su casa. A su vez Britos también cae y se va desangrando poco a poco sobre la vereda mientras todo a su alrededor se va poniendo negro como si estuviera en el fondo de un pozo. No entiende lo que ha pasado pero no lo lamenta. Se siente un poco feliz de terminar así. Lo único que llega a  lamentar es no poder haber disfrutado de su venganza. No imagina la traición.
No sabe que el Tanito sostiene todavía el arma humeante detrás de él. No llegara a saber nunca que el Tanito Brizuela pone el arma en la mano muerta del Guapo, que toma la cartera con el dinero y  que se pierde en la oscuridad, silbando una milonga, rumbo al puerto.

martes, 9 de octubre de 2012

Dear John...




Tan pronto como naces hacen que te sientas pequeño,
no dándote tiempo en lugar de dártelo todo,
hasta que el dolor es tan grande que ya no sientes nada

Héroe de clase trabajadora es algo a lo que aspirar,
Héroe de clase trabajadora es algo a lo que aspirar.

Te lastiman en casa y te pegan en clase,
Te odian si eres inteligente, y desprecian al tonto.
Hasta que estás tan jodidamente loco que no puedes seguir sus reglas.

Héroe de clase trabajadora es algo a lo que aspirar,
Héroe de clase trabajadora es algo a lo que aspirar.

Cuando te han torturado y asustado  durante veintitantos años,
entonces esperan que elijas una profesión,
cuando realmente puedes funcionar ,estás tan lleno de miedo.

Héroe de clase trabajadora es algo a lo que aspirar,
Héroe de clase trabajadora es algo a lo que aspirar.

Te mantienen drogado con religión, sexo, y televisión,
y piensas que eres tan inteligente, marginado y libre,
pero tal y como yo lo veo eres todavía un jodido bruto.

Héroe de clase trabajadora es algo a lo que aspirar,
Héroe de clase trabajadora es algo a lo que aspirar.

Todavía te dicen que hay sitio en la cima,
pero primero debes aprender cómo sonreír cuando matas,
si quieres ser como los tipos de la colina.

Héroe de clase trabajadora es algo a lo que aspirar,
Héroe de clase trabajadora es algo a lo que aspirar.

Si quieres ser un héroe,
bien, simplemente sígueme.
Si quieres ser un héroe,
bien, simplemente sígueme.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Algo que decir...


Quisiera decirle tantas cosas. Siempre que algo anda mal me busca, rompe el silencio y busca en mí algo que no llego a comprender (o quizá sé bien que es pero me niego a jugar ese papel)
Quisiera decirle. Es inútil que busques en mi o en otros lo que no podés encontrar por vos misma. No somos puentes, no llevamos a ningún lado, no tenemos la llave de la felicidad escondida detrás de nuestros labios. 
Te repetís incansablemente, buscas y buscas en vano, ¿cuándo te vas a dar cuenta de que estamos solos, que los demás solo pueden ser una pequeña compañía, que en eso que estúpidamente llamamos amor no hay más nada que placeres egoístas, que esquivas realizaciones?
Todos daríamos lo que no tenemos para que el amor fuera una salida, una pira donde todos nuestros problemas y frustraciones se quemaran. Pero no es así, no nos damos cuenta de que al fuego vamos nosotros, de que nosotros como individuos ardemos en el amor y nos quemamos terriblemente, solo para encontrarnos al final deshechos y con las frustraciones intactas.
Quisiera decirle que confíe en dios, que todo esto va a pasar, pero ni yo me lo creo. Sé muy bien que de arriba solo cae lluvia y que nadie, absolutamente nadie puede ayudarnos más que nosotros mismos.

martes, 25 de septiembre de 2012

No use for a name

"Y quien respira en mis ojos
quien llena mi mirada de ausencias"

me estoy hartando de escribir tu nombre
porque eso es; en cada frase, en cada poema
en cada linea de un cuento existe tu nombre
solo tu nombre y lo demás es decorado
es el ansia de escribir tu nombre otra vez
 y por eso escribo, escribo y escribo.
pero tu verdadero nombre no se me revela
se que esta ahi, se que existe  bajo cada palabra
y todo lo demas es excusa y mentira
solo tu nombre merece ser reconocido
aunque me esquive sistemáticamente
aunque se que cuando lo encuentre
ya no significara mas nada


miércoles, 12 de septiembre de 2012

Un hombre siempre persigue ambiciones. Para los que pareciera que no, pienso en dos caminos; o nada los motiva a vivir (y eso siempre es peligroso) o su ambición es tan intima, tan secreta e inconfesable que también habría que temerles.

viernes, 31 de agosto de 2012

Ejercicio


Ya no recuerdo si te amaba a ti o a tus ojos,
solo se que eran grandes y negros
como ventanas que daban al abismo.


domingo, 26 de agosto de 2012


Estés donde estés, en la memoria del mundo o de tus lectores, el mayor Cronopio, el que nos enseño que la realidad también puede ser fantástica.

sábado, 25 de agosto de 2012

Si, pero ya viene la primavera y vamos a tener días de sol y viento y música en los oídos y la tormenta solo prevalecerá en el alma...

domingo, 19 de agosto de 2012


Entiendo que lo mejor seria morir en la ciudad en la que uno vivió, porque lo supongo una especie de paz en el final.
Yo quisiera morir en Praga, en una ciudad que me parece tan triste y tan hermosa, por donde camino Kafka.
Morir, lejos de todo lo que uno amo, para ser nadie por una vez, solo un ente que muere y se va...













jueves, 16 de agosto de 2012

Estrella


¡Ah! Tan fuerte brillaba tu amor
En los días de primaveras pasadas
Los Ángeles llegaron a envidiarte la vida
Y a tus manos, lo que acariciaban

— No he nacido para vivir
¡He nacido para ser fugaz!
Arder en un instante
He nacido para ser fugaz
¡He nacido...! —.

viernes, 3 de agosto de 2012

Plegaria para un día de lluvia...





Hasta cuando, Señor
Se van a dar por vencidas mis lágrimas en la almohada
Hasta cuando las imágenes de otros tiempos me van a inundar los ojos
Y la brisa fría de la noche me traerá el perfume inepente de sus labios
¿No dejare de buscar en cada piel esa piel,
en cada voz esa voz?
¿No dejare esta tortura de vivir por amor
y morir por olvido?
Hasta cuando el frio, Señor
Hasta cuando el dolor, la sangre, vida Señor
Hasta cuando…
                     

viernes, 27 de julio de 2012

lunes, 23 de julio de 2012





"La poesía es lo único que hace plenamente libre al poeta. Con ella, rompe la soledad que le encadena y consigue una intensa y profunda comunicación con nadie"
                                                                                               
                                                                                               Antonio Porpetta 
                                                                                              Intento de Poética

jueves, 19 de julio de 2012

miércoles, 11 de julio de 2012

Crisis del Escritor


Y un buen día le sucede. No lo puede creer pero le sucede. Lo lamenta ¡no! peor; lo odia, lo detesta. Cada palabra es una cuchillada en lo hondo y algo como sangre que lo empieza a hastiar. Pero igual le sucede, aunque no le guste le sucede, no hay escapatoria. Se hartó de escribir.
No puede ser indolente, le cuesta respirar, pero ni las palabras ni los dichos ni el desahogo, valga la redundancia, lo desahogan. No quiere escribir más, se aleja de las historias y la poesía y toda esa mierda como se aleja la esperanza de su corazón. ¿Y qué es lo que queda?
Nada. 
Como Kafka sabía muy bien, los escritores somos literatur. Todo (un todo enorme, amorfo, grotesco) lo demás es ficción, la vida es ficción. 
¿Cómo no desesperarse cuando lo único en lo que creemos se nos derrite, se nos desarma como un ídolo de barro? 
Pero igual le sucede y estas palabras no lo salvan de nada.


martes, 10 de julio de 2012

A Cada Paso


A cada paso sigiloso
En un camino de penumbras
Voy oyendo el silencio
Y mi corazón que retumba


A cada sueño tumultuoso
Que en mi cabeza ha quedado
Va despertando un recuerdo penoso
Por largos años olvidado


En cada avance voy oyendo
Voces susurrando "no desesperes"
Pisadas que van huyendo,
Tras los arboles, de extraños seres


Y a medida que me hundo en el Auber
Y a dormir voy entrando
Dolor ya no ha de haber
Y la pena se va ahogando

(Escrito a los 14 años)

lunes, 25 de junio de 2012


Te me vas escapando entre los dedos, como se me escurren estas palabras sobre el papel; como descienden o mejor dicho caen de mi boca en silencio, pequeñas ratitas autómatas que sin quererlo yo, forman tu nombre, forman tu cuerpo, forman y deforman lo que yo creo de ti. Cuántas veces las he reprendido, cuántas amor, cuántas veces insistí en ello; las confesiones ni a los curas ni a religiosos ni a nadie que pueda escudriñar un corazón. Igual lo hacen, siguen formando un cielo y un infierno en cada página que escribo. Ya no soy más dueño de ellas, ya perdí esa batalla. Ellas son dueñas de mí, me usurpan, me derrotan, como me derrotó tu mirada una tarde de primavera u otoño, ya no lo recuerdo, porque no importa, importa que bajo el sol que bañaba esas horas fuiste mía, te hice mía para siempre y que ahora te me vas escapando, y ya no tengo forma de asirte a mi…

sábado, 16 de junio de 2012

"...porque aunque hiciéramos tantas veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad."


¿Porque tantas renuncias? Partirse la cara contra ese espejo invisible que nos devuelve una imagen hermosa, como de circo o dulces. Y por fin entender que mas allá de eso no existe ni circo ni felicidad y que por mas que busquemos la tan mentada felicidad, nunca se hallara detrás de flojos relieves, de densos instantes. Es cierto, terriblemente cierto que nuestra búsqueda tiene que ser otra cosa que el placer o la satisfacción...pero cual...¿cual es?



martes, 12 de junio de 2012

Tatuado en el Alma



No Te Salves


No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo


Pero si pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
No te quedes conmigo.


Mario Benedetti