lunes, 30 de septiembre de 2013

El visitante (4ª parte)


Miércoles 22 de septiembre



No escribo hace días porque estuve ocupado buscando algún tipo de arma para defenderme. Logro ver bastante clara la silueta del visitante, pero los vidrios sucios no me permiten distinguir si va armado. Por eso me impuse la tarea de fabricar algunas armas con la madera de la cama. Desde hace un rato me persigue la idea de arreglar la vieja escopeta que perteneció a mi padre. Creo haberla guardado en lo alto del ropero. Sé que será algo inútil, porque intenté arreglarla una vez en el pasado, sin suerte y, ahora que la necesito, no la tengo. El esfuerzo será vano porque estoy en peores condiciones que antes, no puedo salir a comprar algún repuesto o herramienta.

domingo, 29 de septiembre de 2013

El visitante (3ª parte)


Jueves 16 de septiembre



El día de ayer lo pase leyendo un libro viejo en la hamaca que instale cruzando la casa. De más está decir que la casa es un solo ambiente donde conviven cocina y pieza, sala de estar y una puerta que da al baño. De vez en cuando apartaba los ojos del libro para mirar la figura.
Seguía allí, impávida, bajo el sol arduo que bañó las horas de la tarde. Hoy la note un poco más cercana, parece estar avanzando lentamente.

viernes, 27 de septiembre de 2013

El visitante (2ª parte)


Martes 14 de septiembre



Como preveía, en algún momento de la noche me quede dormido. Me desperté sobresaltado al amanecer, cuando los primeros rayos de sol invadían el durmiente monte. Mientras preparaba el desayuno, miré hacia la ventana y noté que la figura se había movido. Avanzó unos cien metros desde la última vez, aunque aún se ve indefinida. No tengo forma de precisar si es hombre o mujer, si viene en paz o no, si me busca a mí o está perdida, si trae o viene a llevarse algo…

jueves, 26 de septiembre de 2013

El visitante (1ª parte)








Lunes 13 de septiembre


 La costumbre de escribir se me pegó como la tierra se pega a las cosas estáticas. Eso me da a pensar  que de alguna manera mi vida se volvió estática, reseca, infértil. En verdad no tengo argumentos para justificar mi exilio. Los desamores, los problemas económicos, largas batallas contra una enfermedad nerviosa y el inevitable fantasma de la soledad son solo excusas, pequeñas excusas que no podrían engañar a nadie.
 Hace más de un año que me mudé a esta tranquila cabaña en el medio del monte misionero, hastiado de la vida en la ciudad, de las preocupaciones sociales y sobretodo de la rutina, esa imbécil con cara de satisfacción. Y desde que llegue no hice prácticamente otra cosa que escribir en este pequeño diario. Pero esta no es otra anotación más, otra reflexión sobre la vida o sobre la muerte, otro intento por decirme algo desde otro lugar. Escribo esto porque algo fuera de lo común sucedió hoy.
 El día empezó normalmente. Estuve toda la mañana cortando leña mientras oía el murmullo del monte, el coro de los animales que acechan en su profundidad, ocupados también en sobrevivir. Hacia el mediodía el calor mermo la calidad de mi trabajo por lo que me refresque y entre a mi cabaña.
 Sentado en la única silla que tengo y que ademas esta desvencijada, mientras bebía una cerveza, miré por la ventana. A través del vidrio sucio, hacia el fondo de mi terreno, lo vi por primera vez. Parecía ser una persona de talla media, parada al borde del monte, en el límite que mi capacidad de parquista había demarcado como fin del terreno. Hay unos quinientos metros entre mi ventana y el comienzo del monte.
 La figura apareció justo ahí, en el límite.
 Di vueltas y vueltas pero no me atreví a abrir la puerta. Eso significaba aceptar que había visto a esa figura, tener que acercarme o llamarla , concretar una visita que yo no esperaba, en fin, nada que me satisficiera de lleno.
 Tendí mi vieja y roída hamaca frente a la ventana. 
 La noche se presta a los sueños. El calor y la humedad de este lugar pueden frustrar fácilmente cualquier plan que uno quiera seguir. Los ojos se me cierran, hay un vaho a tragedia en el aire pero es dulce, embriagador, debo resistir, debo esperar al amanecer para sentirme seguro, para dormir un poco…
 La figura no se mueve del lugar donde la vi por primera vez.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Fácil





Es fácil entregarse cuando el corazón medita penas
un par de besos resbalando entre la cerveza entibiada
una prenda menos
un sabor menos
tu boca en mi sexo
mi mano en la nada
caer despacio como un insecto sin luz
el triunfo del no amor
todos tenemos una redención que dar
es fácil darla cuando el corazón medita penas