miércoles, 27 de junio de 2018

Famosa Gabardina Azul





Son las cuatro de la mañana. Finales de diciembre.
Ahora mismo, te estoy escribiendo,
para saber si estás bien.
Nueva York es frío, pero me gusta donde vivo.
Suena música en Clinton Street durante toda la noche.

He oído que estás haciéndote
una pequeña casa en medio del desierto.
Ahora, tu vida no tiene sentido.
Espero que escribas algún tipo de diario.

Sí, y Jane vino con un mechón de tu pelo.
Me dijo que se lo habías dado
aquella noche que decidiste desintoxicarte.
¿Lo has hecho realmente?

La última vez que te vimos,
parecías mayor.
Tu famoso impermeable azul
estaba gastado por los hombros.
Has estado yendo a la estación a mirar los trenes.
Y volviste a casa, sin Lili Marlene.

Y has tratado a mi mujer como un objeto más de tu vida.
Y cuando volvió conmigo, ya no era la esposa de nadie.

Bueno, te veo ahí, con una rosa entre tus dientes.
Otro debilucho ladrón gitano.
Veo a Jane despierta.
Te manda recuerdos.

Y todo lo que puedo decirte,
hermano mío, mi asesino, es …
¿Qué puedo decir?
Supongo que te echo de menos.
Supongo que te perdono.
Me alegro de que te cruzaras en mi camino.

Si alguna vez vienes por aquí, ya sea por Jane, o por mí.
Tu enemigo estará durmiendo,
y su mujer es libre de hacer lo que quiera.

Sí. Y gracias
por el problema que le quitaste de delante.
Yo creía que estaría ahí siempre,
y por eso nunca había intentado solucionarlo.

Y Jane vino con un mechón de tu pelo.
Me dijo que se lo habías dado
aquella noches que decidiste cortar con todo.

Sinceramente, L. Cohen.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Spinetteando





Nací como nace un capullo, como nacemos todos,
junto al amor de los míos, que me dieron el sentido y el cuidado.
Crecí día a día, como lo hemos hecho todos
y al abrigo del hogar fui empezando a entender.
Por momentos jugando, vi las cosas perfectas, y el mundo infinito.
Ahora comprendo que el infinito no ha cambiado:
está presente cuando miramos al cielo los que lo amamos.

Luis Alberto Spinetta

lunes, 14 de marzo de 2016

La sonrisa de Vera



No hace falta que las estrellas brillen en la noche
Ni que un sol suave nos despierte en la mañana
Podrían faltarnos las montañas nevadas
Las nubes con sus formas misteriosas
Los altos árboles podrían no existir
Ni sus hojas dormidas en el otoño

Todo lo ilumina mágicamente
Todo lo llena de amor
La sonrisa de Vera

miércoles, 10 de febrero de 2016

Murciélago Negro

Quien sabe de agradecimientos
Se inclina bajo tu bonanza
No hay rey ni reina que no haya cobijado bajo tu amparo
Murciélago negro
Protector de la lluvia
Que baña y mata
Tus alas se abrieron cual ave emperadora 
y el viento
Te hizo añicos los huesos
Debo dejarte así, deshecho
No cubrirás más mi rostro
Ni mi cabeza sentirá tu protección
Te digo adiós
Te dejó deshecho
Paraguas amigo
Adiós





sábado, 2 de mayo de 2015

Esta noche este dolor









Esta noche este dolor
esta sutil espina de ausencia
perfume de campo que adormece el alma 
la noche tan calma la brisa tan suave
     y las estrellas sin corazón danzan y juegan en el cielo
lejos de mi
pero hay algo mas que me quita el sueño
es esta noche este dolor
es este aire de tragedia eterna
canta por favor niña canta
quizá así me duerma

lunes, 27 de abril de 2015

¡Brillante estrella! si fuera tan constante






Estrella brillante, quien fuera tan constante como tú
no en solitario esplendor colgada arriba en la noche
y observando, con eternos párpados abiertos
como el eremita paciente e insomne de la naturaleza.
las aguas ondeantes en su clerical tarea
de ablución pura de las playas humanas de la tierra redonda
o mirando sobre la nueva mascara caida
de nieve sobre las montañas y las llanuras
No-- y aun así constante, aun sin cambio,
almohadado sobre el pecho en maduración de mi amada
sentir por siempre su suave respiración
despierto para siempre en un dulce insosiego
aun, aun escuchando su tierno respirar
y asi vivir por siempre o desfallecer en la muerte.

John Keats

lunes, 13 de abril de 2015

1976, Buenos Aires: Largo viaje sin movernos






Ritmo de pulmones de la ciudad que duerme. Afuera hace frío. De pronto, un estrépito atraviesa la ventana cerrada. Me hundís las uñas en el brazo. No respiro. Escuchamos un barullo de golpes y puteadas y el largo aullido de una voz humana.
Después, silencio.
- ¿No te peso?
Nudo marinero.
Hermosuras y dormideces más poderosas que el miedo.
Cuando entra el sol, parpadeo y me desperezo con cuatro brazos. Nadie sabe quién es el dueño de esa rodilla, ni de quién es este codo o este pie, esta voz que murmura buen día.
Entonces el animal de dos cabezas piensa o dice o quisiera:
- A gente que se despierta así, no puede pasarle nada malo.