lunes, 1 de julio de 2013

Lloré una tarde el primer desengaño










Yo no sabia nada de la vida todavía, te caminaba como en modo automático, día tras día. Ahí conocí las peleas de la secundaria, a Fer lo cagaron un poco a trompadas, yo no me metí, nadie podía meterse, era "cuestión de honores" y  ya en ese entonces me quedaba estupefacto ante la idiotez del ser humano. Conocí también lo que era tomarse una birra en la esquina, prender un faso (que solo vi disfrutar a Fer y a Pablito, el cumbianchero, porque los demás todavía le teníamos miedo) Creo que ni siquiera sabia tu nombre, no sabia que te habían nombrado Pasaje Discepolo, no sabia que caminaba por una calle con el nombre de un poeta que mas tarde admiraría. Te repito, existía como en modo automático, no era yo todavía, era raro entre mis amigos, porque no anhelaba esas cosas, no buscaba la joda, mas en el fondo ya buscaba algo mas verdadero, mas trascendental, alguna verdad. Por supuesto ahí también conocí el amor, los primeros amores mas serios, las primeras bocas indiferentes y es que el pasaje en esa época era como un mundo aparte, a solo una cuadra de Callao y Corrientes muy pocos pasaban por ahí, hoy en día sos peatonal y se te transita mucho mas. Cuando te camine eras el refugio para la vagancia y para el amor, porque cobijabas lejos de la mirada del mundo en marcha y bajo la arquitectura de tu curva a los amores y a los vagos por igual, a aquellos que no buscábamos la excelencia ni el estudio, sino que queríamos rebelarnos, cosas que hoy siento estúpidamente idílicas.
Pasaje querido, tiempos queridos sin preocupaciones, vos y el par de cuadras a la redonda siempre serán en mi memoria el lugar donde se empezó a forjar lo que soy hoy, porque en clase, en alguna hora libre, en la escuela a la que dabas entrada escribí mis primeros poemas, sufrí mis primeros amores, llore mis primeras derrotas.

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