viernes, 19 de septiembre de 2014

La muerte tiene cara de mujer


Virginia Poe

No alcanzo a figurarme como será en la visión, en el entendimiento de una mujer la cara de la muerte, la figura que tantas veces en la vida nos acecha sigilosamente, tanteando nuestro destino o suerte, aguardando a que nuestro designio para con ella se cumpla. Lo más correcto seria suponer que en su lugar, para las mujeres la muerte tiene cara de hombre, de un hombre fuerte y sádico que podría tomar sus vidas en un segundo. Quizás no sea así y también la vean de  forma seductora, con gracia en sus movimientos y segura de su superioridad, de su triunfo ante la vida. 
La explicación mas lógica (para un hombre); nacemos de mujeres, vivimos por mujeres, siempre en algún rincón, aunque sea el mas vil de los hombres, en un pequeño rincón oscuro del corazón o de la mente subyace un amor perdido, una mujer que con el paso de los años agiganta su figura y se nos hace una diosa,  un símbolo de la redención y la felicidad; el paraíso encarnado en dos piernas esbeltas y unos labios venenosos. La verdad esta tan lejos de ese ideal, pero mientras siga intacta en su templo (¿nuestra cabeza?) la figuramos hermosa y perfecta por siempre, y la culpa de haberla perdido (muerta o ida) solo se explica en la torpeza de no haber sabido adorarla como era debido.
Edgar Allan Poe nació en la primera década del siglo 19, desgraciado toda su vida, perdió al menos a dos mujeres importantes en su vida. La primera su madre, Elizabeth Arnold Poe murió a los pocos años de que el naciera victima de la tuberculosis. La segunda, en la que creía haber encontrado un consuelo para sus desdichas fue Virginia Eliza Clemm, su prima que rondaba los trece años cuando se casaron. Con la última vivió algunos años de ilusión, de una felicidad idílica pero provisoria en un Cottage (una especia de casa de campo en las afueras de la ciudad) Virginia enfermo rápidamente y murió también de tuberculosis dejándolo devastado.
Su desgracia, su dolor y pena lo ayudaron a escribir los relatos más desgarradores que un ser puede escribir sobre el amor. Cuentos en los que la figura de la mujer, de la amada aparece y tiñen el relato de incertidumbre. La amada siempre sucumbe a una desgracia, a un designio mas allá de esta tierra y es el personaje, casi siempre el relator el que narra su sufrimiento y su espanto ante la muerte y los sucesos que la desencadenan. Si hay algo que aparece como regla, es una muerte nada terrenal, casi siempre misteriosa y etérea. Algunas veces macabra, es cierto, pero macabra para el relator (y también el lector) que sufre el martirio de no poseer las herramientas para evitar lo inevitable; la muerte es la gran triunfante.
Para Poe la muerte tenia cara de mujer.

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